sábado, 5 de junio de 2010

Congela el reloj.


Congela el reloj, para las agujas, que el tiempo no pase.
Porque es ahora, cuando estoy entre tus brazos, cuando el resto del mundo no me importa.
¡Congela el reloj! Qué más da si el hombre que camina por la acera impasible llega tarde a su cita.
¡Congela el reloj! Qué más da si los niños que juegan en el parque son castigados por sus madres retrasarse en su hora de vuelta a casa.
¡Congela el reloj! Qué más da si las personas que trabajan en aquel edificio salgan cuando el crepúsculo se haga notar.
Quiero pasar contigo cada instante, cada segundo, y sin embargo quiero que éstos no existan.
Quiero acostarme a tu vera, y que el sol me despierte junto a ti, y sin embargo quiero que no exista el día y la noche.
No puedo cerrar los ojos por miedo a perderme un momento contigo.
No puedo soltarte la mano por miedo a que debas regresar a tu casa.
Simplemente congela el reloj...

- Me alegro de que exista el tiempo, para poder decir que voy a entregarte cada segundo de mi vida.
Al escuchar de tus labios esa frase, me he planteado todo de forma distinta y... ¿Sabes qué? Deja el reloj tal y como está, al fin y al cabo, mis segundos te pertenecen.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. El tiempo es un lastre. Es curioso lo perezoso que es a veces y lo que madruga otras. Parece que toma café sólo algunas mañanas.

    Ya sabes que me encantas.

    (Por cierto, borré el comentario de arriba porque me salió raro, con acentos y caracteres ilegibles, no sé por qué).

    ResponderEliminar