
Mis dedos se deslizan velozmente al compás de la lluvia golpéando el cristal, con el mismo ritmo con el que los granizos rebotan contra el gélido suelo.
Y mientras una de mis canciones suena creando el ambiente perfecto, las ideas fluyen como si de un mantantial se tratase.
Pero resulta tan difícil darles forma...
Como si de una silueta lejana se tratase, de una silueta que quiero identificar, aparecen mil y un temas sobre los cuales escribir, con un par de frases cada idea, pero no más.
Pero no, no consigo concentrarme en vislumbrar más alla de la silueta. Resulta extremadamente difícil, imposible quizá, la idea de mantenerte al margen de tus problemas durante 20 minutos. 20 minutos para dedicarse a escribir, y aislarse. Aislarse de todo y joder, quiero aislarme.
¡En este mismo instante quiero desaparecer! Pero no puedo ni maginarme en la literatura.
¿Qué puedo hacer?
Y una vez más, el fuego del mechero aparece, prendiendo así la hoja que envuelve mis 15 minutos de completa serendidad. El aroma de las hierbas "aromáticas" penetra en mis pulmones.
Oh Dios, al fin.